El hockey como terapia
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Competitivos: Minu, de los Crackers, controla la pelota perseguido por Rubén y Miquel, del equipo de la Fundación Guttmann. Foto: JORDI COTRINA |
• Los Crackers se fundaron en 1996 en BCN para dar una salida digna a jóvenes con una discapacidad superior al 80% El deporte mejora su estado de ánimo y sociabilidad
LLUÍS REGÀS
BARCELONA
Sufren mucho, demasiado. Sufren y hacen sufrir a sus familiares. Padecen distrofias musculares de Duchenne y atrofias espinales. Con una discapacidad superior al 80%, en la vida sólo encuentran barreras, obstáculos, marginación, incomprensión. Suelen ser introvertidos y pocas veces sonríen, pero sus pesadillas se transforman en sueños cuando juegan al hockey con los Crackers, un club de Barcelona fundado en 1996. El deporte ha mejorado su estado de ánimo y sociabilidad. Ellos no buscan fama ni dinero. Les basta con competir para sentirse bien.
Son 19 chicos y una chica, y juegan en sillas de ruedas adaptadas a sus necesidades. Tres de ellos, Alberto, Víctor y Javi, siempre necesitan un respirador, y algunos protegen sus debilitados cuerpos con mantas y sus manos con guantes. Unos pocos pueden sujetar un ligero estic de plástico, pero la mayoría lo llevan incorporado a la parte delantera de la silla. Cuando empieza el partido, sólo piensan en ganar, en marcar un gol en una portería mucho más alargada y baja que las convencionales.
"Son muy competitivos y se enfadan mucho cuando las cosas no les salen bien. Formamos parte de la Federació Catalana d'Esports per Minusvàlids Físics, pero lo más importante es que a través del hockey integramos a personas con muchísimos problemas y sin una salida laboral digna", explica Antoni Josep Caballero, presidente de los Crackers y padre de Toni, el capitán del equipo. También es uno de los promotores de la Lliga Catalana que disputan con otros dos equipos: los Dracks, de la Fundación Guttmann, y el Barberà. El pasado sábado, los Dracks se proclamaron campeones de Catalunya.
Programa de radio
Los Crackers juegan en el pabellón Montigalà de Badalona y se entrenan cada sábado en la Escola Industrial, en Barcelona. El presupuesto de la actual temporada es de 24.000 euros (unos 4 millones de pesetas). "Lo que más me gusta del deporte son los partidos, conocer gente y viajar. Lo que menos, perder", dice Cristian Jiménez, que se desplaza los fines de semana de Tarragona a Barcelona. Nacho, el portero, añade: "Cada sábado procuro ir a entrenarme, pero a veces no puedo porque hace mucho frío o no estoy muy fino".
Javier Fenoy, Minu , es el más extrovertido. Tiene 20 años, vive en Polinyà y juega de delantero. El hockey es una de sus grandes pasiones. La otra, la radio. Minu tiene un programa semanal en Radio Unión Catalunya. Cada domingo por la mañana habla del deporte para discapacitados. "El fútbol es mi gran pasión. Me gustan muchos deportes, pero lo que más me impactó fue un partido de fútbol de ciegos", explica Minu , que presume de su devoción por el exjugador Hristo Stoichkov y rememora con emotividad los partidos que ha presenciado en el Camp Nou y el Palau Blaugrana.
A escasos metros de Minu , y atenta a sus explicaciones, está Neus Rodríguez, la entrenadora del equipo. Es fisioterapeuta y se ofreció como voluntaria tras hacer una tesis sobre distrofia muscular. Fue hace ocho años. Entonces no tenía ni idea de hockey. Ahora conoce muchas interioridades y, sobre todo, está contenta porque ha detectado que sus alumnos "explican mucho más sus emociones desde que practican deporte". "Ganar o perder es muy secundario. En un partido me preocupo más de que no pasen frío que del juego. La táctica no tiene mucha importancia. Lo más duro es cuando el estado de salud de algún compañero se agrava. En estos años han fallecido cuatro chicos del equipo", recalca.
Tentado por el Sampdoria
Neus se despide de todos sus jugadores. Los Crackers acaban de perder por 1-7 ante el equipo de la Fundación Guttmann. No han podido frenar a Rubén, el Ronaldinho del hockey para discapacitados, un joven de 20 años que cuando tenía 12 fue tentado por el Sampdoria. Un año después, le detectaron un tumor en la cabeza y estuvo un mes en coma. Ahora marca goles con un estic y es el capitán de la selección catalana.
En octubre del 2003, Catalunya compitió con otros equipos en Bélgica. Fue un momento muy feliz para ellos, pero antes sufrieron una tremenda decepción cuando Iberia se negó a transportar sus sillas. Tuvieron que alquilar un camión, pero nadie pudo frustrar aquel momento de felicidad.
Noticia publicada en la página 46 de la edición de 3/18/2005 de El Periódico - edición impresa.
(Nota: Me he permitido corregir algún error de identificación expresado en el arículo.)